martes, 3 de marzo de 2009

NYC

De New York extrano la humedad del verano, la voracidad de los colores, el olor de los restaurantes, el sonido de los sabores. De la ciudad que no duerme extrano los días, las horas interminables, los edificios que crecen como hongos grises que se alimentan de la mugre del Metro.

Agradezco que la ciudad me dejó ver por debajo de su vestido aplomado. Me mostró el silencio de las calles perdidas, del viento que se cuela por las avenidas, de la brisa entre los árboles de Central Park. Vi el eructo nocturno en los bares, la soledad de los porteros de los edificios de Park Avenue, el sonido de las chancletas contra el caliente pavimento del verano. Todo eso y mas es New York: Una fiera ansiosa de ser domada, amaestrada, sumisa. Una bestia que gime, una voz que palpita. Una vista infinita. Una ciudad incólume, que sabe que no tiene la culpa.

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